El Centro Regional Ceres de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso dio un paso estratégico en el fortalecimiento de su misión institucional con la creación de una nueva Unidad de Negocios orientada a la vinculación con empresas y la transferencia tecnológica. La iniciativa, liderada por Camila González y Francisco Carvallo, busca transformar el conocimiento científico desarrollado por el centro en soluciones aplicadas para el sector productivo, mediante servicios especializados, proyectos de I+D aplicada, consultorías y capacitaciones.
La conformación de esta nueva área responde a la necesidad de consolidar una estructura capaz de articular investigación, innovación y mercado, fortaleciendo la sostenibilidad del Centro y ampliando el impacto de sus capacidades científicas en el sector agroalimentario. La misión es posicionar a Ceres como un socio estratégico para empresas y entidades públicas, capaz de generar soluciones tecnológicas pertinentes, escalables y alineadas con los desafíos actuales del agro.
¿Cómo ha logrado el Centro Ceres articular el conocimiento científico con las necesidades concretas del sector agrícola?
Desde su experiencia, Camila González explica que el vínculo no es reciente ni casual. “Hemos trabajado de manera muy cercana con servicios públicos del agro y empresas privadas, lo que nos ha permitido identificar las necesidades reales del sector productivo. La priorización de estos desafíos se transforma en proyectos de investigación participativos, cuyos resultados son validados en terreno y transferidos mediante prácticas agrícolas innovadoras.
Sin embargo, reconoce que aún existen desafíos importantes: “Muchas veces los recursos no alcanzan para hacer seguimiento a los proyectos una vez finalizados, y eso es clave para que las tecnologías realmente se adopten. También está la brecha en el acceso a la información: necesitamos un lenguaje más cercano, más horizontal, que permita que el conocimiento llegue y genere impacto”
Desde una mirada complementaria, Francisco Carvallo destaca el reconocimiento que Ceres ha logrado por su trabajo en la Agricultura Familiar Campesina, integrando saberes locales con investigación científica. Hoy la tarea explica: “es ampliar esa misión hacia el sector privado, fortaleciendo la articulación con empresas y entidades públicas para llevar estas soluciones sustentables a una mayor escala.
¿Qué aprendizajes han sido clave en esta relación entre ciencia y sector productivo?
Para Camila, la clave ha estado en la forma de trabajar: “Las metodologías participativas y la entrega de resultados positivos demostrables, permiten construir en conjunto. Así, la academia deja de ser un actor distante y pasa a generar herramientas concretas que responden directamente a las problemáticas del agro”.
¿Qué motivó la creación de esta nueva área de vinculación ciencia–empresa?
Ambos coinciden en que este paso responde a una evolución natural del trabajo que ya venía realizando Ceres. “La idea es fortalecer y hacer crecer las redes existentes entre la academia, la empresa y el centro, posicionándonos como un actor relevante dentro del ecosistema CTCI”, señala Camila.
Francisco profundiza en el enfoque más estratégico: “Esta área nace de la necesidad de formalizar una unidad capaz de empaquetar las tecnologías desarrolladas por Ceres y llevarlas de manera eficiente al mundo agrícola. Detectamos una alta demanda por nuestros servicios en reuniones con actores públicos y privados, y eso nos impulsó a profesionalizar la transferencia, transformando la investigación en soluciones concretas, sustentables y comercializables”.
¿Cómo operará esta nueva área en la práctica?
La apuesta es fortalecer lo ya construido. “Seguiremos trabajando con actores clave como PRODESAL, INDAP, municipalidades, Nodo CIV-VAL, CREAS, Corfo, FIA y universidades como la PUCV, entre otros”, explica Camila. “Todo esto bajo una lógica colaborativa y alineada con las líneas de investigación de Ceres”. Proveeremos una oferta de servicios especializados, en base a los principios de la intensificación ecológica, que responda a las necesidades del sector empresarial.
¿Qué aporta cada uno a este liderazgo compartido?
Camila González, agrónoma y magíster en Ciencias Agronómicas y de los Alimentos de la PUCV, destaca su experiencia en gestión y articulación: “He trabajado en coordinación de equipos como directora de proyectos, transferencia y vinculación. Además, me he formado como gestora CTCI gracias a las oportunidades facilitadas por el Nodo CIV-VAL y recientemente en “Impacto de la investigación”, a través de un curso desarrollado por la Universidad de Los Andes junto a la Universidad de Auckland, lo que me permite aportar desde una mirada estratégica”.
Francisco Carvallo, también ingeniero agrónomo de la PUCV con especialización en gestión ambiental y ecología de la polinización, cuenta con una amplia experiencia en trabajo territorial y transferencia de conocimiento. “Durante los últimos nueve años he trabajado en iniciativas vinculadas al manejo agrícola y apícola sustentable, liderando asesorías para empresas y organizaciones como SNA Chile y RRG Capital”, puntualiza. Además, ha participado activamente en espacios de articulación y colaboración sectorial, como la Mesa Apícola Regional de Valparaíso.
Asimismo, ambos han sido partícipes de proyectos de I+D financiados por ANID y CORFO; y son colaboradores en diversas redes, entre ellas, el comité IMAS del PER Frutícola y Comités Empresariales.
¿Qué impactos esperan generar en el corto y mediano plazo?
En el corto plazo, el foco estará en visibilizar la oferta del Centro. “Queremos dar a conocer nuestros servicios dentro del ecosistema CTCI, fortaleciendo la articulación y el desarrollo de soluciones con impacto real en el agroecosistema”, señala Camila.
Además, Francisco Carvallo explica que se proveerán servicios tecnológicos de rápida implementación y bajo riesgo, como ensayos, consultorías y capacitaciones dirigidas a empresas. En paralelo, se buscará reactivar la cartera de clientes actuales y captar early adopters con necesidades tecnológicas inmediatas.
Para llevar a cabo estos servicios, apalancaremos recursos financieros desde instrumentos ofrecidos por instituciones como CORFO y FIA, para impulsar el escalamiento de proyectos de I+D+i con participación empresarial. En ese contexto, Camila González destaca que uno de los ejes centrales será la actualización y consolidación de un portafolio de servicios alineado con las demandas del mercado, que facilite tanto la gestión comercial como la toma de decisiones por parte de potenciales clientes.
En el mediano plazo, ambos coinciden en que la meta será robustecer un modelo sostenible, basado en la diversificación de fuentes de ingresos y en la generación de valor continuo a partir de las tecnologías desarrolladas por el centro. Esto contempla fortalecer alianzas estratégicas y avanzar hacia contratos de I+D de largo plazo con empresas y entidades públicas.
Finalmente, Carvallo señala que también se proyecta el desarrollo de asesorías especializadas de alto valor y la expansión de las capacidades hacia nuevos territorios, fortaleciendo su posicionamiento como referente en transferencia tecnológica y socio estratégico para el sector agroalimentario.







