Investigadores de Centro Ceres presentaron en un congreso internacional realizado en Argentina dos estudios que ponen en discusión cómo se mide la sostenibilidad agrícola y qué dificultades enfrentan los productores que buscan adoptar prácticas sostenibles. Los trabajos destacan la necesidad de considerar los impactos ambientales y sociales de la producción, junto con las barreras económicas y comerciales que persisten en los territorios.

La transición hacia una agricultura sostenible enfrenta desafíos que van más allá de las prácticas utilizadas en los campos. Los costos ambientales que no se reflejan en los precios de los alimentos, las dificultades de comercialización y la falta de infraestructura para pequeños productores fueron parte de las investigaciones presentadas por Centro Ceres en un congreso internacional realizado en Buenos Aires, Argentina.

Entre el 21 y el 23 de octubre, Carlos Huenchuleo, director ejecutivo de Centro Ceres, y Florencia Spirito, investigadora postdoctoral, participaron en un encuentro que reunió la 56ª Reunión Anual de la Asociación Argentina de Economía Agraria, el 7º Congreso Regional de Economía Agraria y el II Congreso Internacional de la Red Iberoamericana de Economía Agroalimentaria y de Recursos Naturales, desarrollado en la Universidad del CEMA (UCEMA).

Huenchuleo presentó avances del proyecto “Intensificación Ecológica de la Agricultura”, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), relacionados con nuevas herramientas para evaluar la sostenibilidad económica, ambiental y social de los sistemas productivos. Su exposición abordó el True Cost Accounting, o contabilidad de costos reales, un enfoque que permite identificar y valorar impactos que habitualmente no se consideran en las evaluaciones económicas, como los efectos ambientales de la producción agrícola y los beneficios que aportan los servicios ecosistémicos.

“Hoy existen costos ambientales y sociales de la agricultura que no se reflejan en los precios de los alimentos ni en las evaluaciones económicas. Necesitamos incorporarlos para tomar mejores decisiones y avanzar hacia sistemas productivos más sostenibles”, explicó Huenchuleo. Según el investigador, esta herramienta permite reconocer los beneficios de las prácticas sostenibles y los impactos negativos de los modelos intensivos, aportando información para evaluar su viabilidad económica y orientar políticas públicas.

Por su parte, Spirito presentó una investigación sobre las barreras e impulsores de la sostenibilidad en la cadena agroalimentaria de Chile central. Sus resultados muestran que las dificultades no se limitan a la producción, sino que también involucran infraestructura, asistencia técnica y condiciones del mercado.

“Uno de los principales obstáculos para avanzar hacia una agricultura sostenible está fuera de los campos. La falta de infraestructura para pequeños productores y las reglas del mercado dificultan que estas iniciativas puedan desarrollarse”, señaló Spirito.

El estudio identifica tensiones entre el modelo agroexportador y las iniciativas locales que buscan mayor autonomía mediante ferias y venta directa. Estas experiencias permiten reducir intermediarios y mantener una mayor proporción del valor de los alimentos en los territorios, aunque enfrentan limitaciones de infraestructura y apoyo técnico.

“No basta con cambiar la forma de cultivar. También necesitamos mejorar la infraestructura y las condiciones de comercialización para que los productores puedan avanzar hacia modelos más sostenibles”, agregó la investigadora.

Ambas presentaciones permitieron compartir resultados científicos desarrollados desde la Región de Valparaíso y establecer vínculos con académicos e instituciones de la Red Iberoamericana, abriendo oportunidades de colaboración para avanzar hacia sistemas agroalimentarios sostenibles.

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